
Se plantea un espacio de co-pensamiento y corresponsabilidad, donde las miradas se entrelazan sin jerarquías ni fronteras rígidas entre campos.
La covisión supera la interdisciplina, no por sumatoria, sino por transformación: pasa del saber segmentado al pensamiento vincular.

pensar y actuar que pone en el centro la ética del
cuidado y la reflexión compartida.
Desde lo ético parte de reconocer al otro, —profesional, persona usuaria y familia— como sujeto de saber y de derecho, promoviendo prácticas respetuosas.
Desde lo clínico y lo metodológico, la covisión invita a pensar juntos lo que pasa en la práctica cotidiana. Es un espacio para detenerse, compartir lo que nos interpela y encontrar otras maneras de mirar y acompañar. Permite construir sentido con otros, aprender de la experiencia y transformar las formas de cuidar, haciendo que cada encuentro deje algo nuevo para quienes participan.

Todo el equipo piensa estrategias conjuntas para seguir el proceso de atención y cuidado, con respeto por los tiempos del niño, niña y adolescente y su familia.
El proceso considera el contexto y las instituciones presentes en la vida de la persona para trabajar en las preguntas:
¿qué le está pasando a esta niña/niño/adolescente?
¿qué está queriendo decir a través de sus conductas?
